Se encontraba en una fiesta, un ambiente un tanto selecto y ameno, pero a la vez dejaba detalles de aburrimiento. En un momento de la noche, salió a la azotea y allí se encontraba ella… Se estremece con el viento como la última hoja de un árbol que se muere, dejo que oiga mis pasos, se queda rígida un instante y comienza un breve pero intenso diálogo entre los dos…
- ¿Quieres un cigarrillo? – le dijo con un tono seductor
- Claro… Gracias, ¿te aburren tanto como a mi?
- No he venido a divertirme, he venido por ti, llevo días observándote… Eres muy deseable… No es tu rostro, ni tu físico, ni tu voz… Son tus ojos, las cosas que veo en tus ojos…
- ¿Y que ves en mis ojos?
- Una serenidad salvaje… No quieres huir, afrontarás lo que tienes que afrontar pero no quieres hacerlo sola…
- No, no quiero hacerlo sola…
El viento se eleva electrizante, ella es dulce y cálida, casi etérea… Su perfume es una dulce promesa que hace aparecer lágrimas sobre mis ojos; le digo que no se preocupe, que la salvaré de todo cuando la asuste y que la llevaré muy lejos… Le digo que la quiero… Me aferro a ella en un ardiente y cálido abrazo, la beso como si no hubiera amanecer existente… La noche se iba consumiendo poco a poco y la oscuridad se cernía sobre ellos dos, pero un fuego eterno alumbraba la llama que alimentaban con su pasión… Hay noches que desearías que no acabaran nunca…
que sea cierto el jamás
ResponderEliminaruno más genial!
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