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lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo que me gusta de ti.

Se acerca el diecinueve de diciembre, mi cumpleaños, y como cada año, leo y releo el mejor y más bonito de los regalos que me han hecho hasta la fecha "Lo que me gusta de ti". Devoro los párrafos como si de mi plato favorito se tratase. Mientras se van sucediendo las líneas, una sonrisa cada vez más grande se va dibujando en mi cara, acompañada de un par de lágrimas porque se va acercando el final, y no quiero que acabe, jamás quise que se acabara.
Este año, he decidido hacerme, no el mejor, si no uno bastante bueno (porque el mejor es imposible tenerlo, lleva agotado bastante tiempo y no tiene pinta de que vuelva a haber existencias), de los regalos. Y, aunque llega demasiado tarde, hace 7 años que prometí que algún día lo escribría... Dicen que es mejor tarde que nunca, mentira, para mi este tarde es sinónimo de nunca, pero bueno, me he decidido y allá voy. Te lo dedico, Olivia, "Lo que me gusta de ti".

Me gusta tu sonrisa, aquella que cuando la sacabas a relucir, aunque hiciera sol, hacías que brillara aún más el día, y si era gris, tú lo transformabas en todas las tonalidades del arcoiris. Me gusta tu mirada en todos sus formatos, acompañada de ese par de luceros pardos que armonizan con tu sonrisa. Me gusta tu melena de leona, revoltosa, castaña, esa que tanto me encanta y me entristece cuando decides cortarla. Me gusta tu calidez y la sensación de bienestar que generas cuando estoy contigo. Me encanta tu dulzura, esa que me enamoró desde el primer día en que te conocí y que no encontaría ni en un millón de toneladas de azúcar. Me gustaba que me llevaras al cielo por el mal camino, y sobre todo me gustaba las veces que me dejabas sin aliento. Me gustan las charlas contigo y que no cambiaría por nada del mundo, ojalá pudiera detener el tiempo y quedarme hablando de todo y de nada. Me gustaba el roce de tu mano con la mía y el efecto que provocabas en mi piel, erizando hasta el último poro existente en ella. Me gustaban tus besos porque si, y también tus besos porque no. Me gusta que un día me animaras a abrirme a escribir y ayudarme a descubrir el tipo de persona que soy y que siempre quise ser. Me gusta hablar contigo cuando estoy mal, y cuando estoy bien, porque a día de hoy no hay persona que me conozca mejor que tú. Me gusta la simpleza que tenías de mandar todo al cuerno con una sonrisa y que le den al mundo, que vamos a ser felices. Me gustaba que me sacaras de mis casetas, y el dueto desacompasado que formábamos cuando cantábamos nuestra canción. Me gusta que si "Do you hear me? Im talking to you" tú contestes "Boy I hear you, in my dreams". Me gusta que "your body is a wonderland" y lo dulce que te ponías cantándola. Me gusta cuando te pones rebelde y tienes ganas de guerra, me conduces a la locura... ¡Y ni siquiera tienes coche!. Me gusta cuando estás de no, y yo de si, y tu no quiere ganar al si, pero acabas cediendo, y viceversa. Me gustaba la calidez de tus besos y la sencillez con la que me robabas uno, aunque también me gustaba robártelos y ver la cara de tonta que se te quedaba. Me gustaban nuestras discusiones porque si y nuestras discusiones porque no, y la forma que teníamos de arreglarlo todo en una vorágine de sexo salvaje. Me gustaban las mariposas que hacías crecer en mi estómago y me gustaba cuando las transformabas en dolores de barriga. Me gustaba que me quisieras porque si, incluso cuando hacía el idiota corriendo en calzoncillos en pleno noviembre. Me gustaba quererte porque si y me gustaba quererte porque no, sobre todo los días que te odiaba un poquito demasiado y aun así no podía dejar de quererte. Me gustaba el teatrillo que montabas cuando pisaste una mierda llevando bailarinas e ibas descalza por la calle, y lo que te reías cuando me veías limpiandotela como un tonto, un tonto por ti. Me gusta cuando te ríes a carcajadas porque te cuento un chiste sin gracia, y te ríes por lo idiota que parezco partiéndome solo de risa. Me gusta cuando me hablas italiano y me susurras al oído "Ti voglio benne". Me gusta como nos conocimos, cuando me mirabas en los partidos de volley y el descaro que tuviste publicando en mi tablón de Tuenti. Me gustó que me gustaras y todos los momentos que vivimos... Cuando mandaba a tomar por culo mi hora de estudio y me escapaba para estar el mayor tiempo posible contigo. Los paseos a ningún lado, solo por el hecho de estar juntos. Me gustaba la sonrisa que se nos dibujaba cuando nos veíamos por primera vez en el día. Me gustaba cuando juntos creímos en la concatenación cósmica de sucesos. Me gustabas tú y punto. Sin más. Porque te quise, te quiero y te querré con mis dos manos tapando mis ojos, sin verte.
 

sábado, 30 de septiembre de 2017

Joder, mierda.

Para ser sinceros, pretendía escribir algo bonito, pero tras ponerme a pensar durante varios días qué escribirle, cómo escribírselo, hipérbole aquí, metáfora allá… Cerrar los ojos, visualizarla, perderme en su primera sonrisa y en la segunda, y en la tercera y en la cuarta… En fin... Como finalmente no pude escribirle algo bonito, preferí hacer algo de corazón.
Dicen que a base de errores se avanza en la vida, que te ayudan a mejorar y a crecer como persona… No lo pongo en duda, pero hay casos en los que un error en vez de avanzar, lo único que te hace es retroceder… Y eso me ha pasado a mi, cometí un error y la cagué, cada vez que echo la vista atrás y hago examen de conciencia, si pudiera cambiar algo, sería lo primero que cambiaría sin ningún asomo de duda…. El qué? Pues es sencillo, haber pasado de ella. Haber pasado de ella fue la mayor cagada que he cometido hasta la fecha de hoy…. “No será para tanto” dirán algunos, los que piensan eso no tienen ni puta idea de cómo es ella… Una sonrisa brillante, contagiosa, luminosa y llena de vida, de esas que consiguen que un día de mierda merezca la pena sólo con tal de verla sonreír. Su mirada, dulce, profunda y sincera, con esos ojitos color caoba que te atrapan al primer contacto… La echo de menos. Mucho. Más de lo que ella piensa y más de lo que yo quisiera… Echo de menos su alegría, su vitalidad, su habilidad para restarle importancia a los problemas mientras te engatusa con una de sus sonrisas, sus ganas de comerse el mundo, sus cálidos besos... Pero también echo de menos lo malo… Echo de menos sus rabietas, esas en las que, para aliviar el asunto, tratabas de hacerla reír y se aguantaba la carcajada hasta que no podía más y acababais riendo los dos. Echo de menos sus caprichos de niña tonta, sus momentos tristes… Echo de menos echarla de menos.

miércoles, 15 de julio de 2015

Adicción.



Toda mentira auto-convictiva es puramente absurda. Te echo jodidamente de menos, tanto que cada una de mis extremidades recuerda el roce de tu piel... Mis manos echan de menos acariciar tu espalda suavemente mientras se producía esa chispa, esa puta chisa que recorría todo mi cuerpo y a la que era adicto… Un yonki de tu electricidad estática bajo sábanas, así solía definirme… Bajo un manto de estrellas, sentado en un banco cualquiera te recuerdo, te recuerdo y suspiro, y no quiero seguir suspirando, porque ya no estás, porque ya no te tengo entre mis brazos cada noche, porque ya no tengo tu sonrisa, esa contagiosa que producía una mueca idéntica en mi rostro… Porque aquella sonrisa se ha tornado en un triste llanto lastimero que anhela volver a besarte. Sólo una vez más aunque sea. Sólo un beso y mil caricias. Solos tú y yo, otra vez. Miro al cielo con recelo y dubitativo, preguntando a las estrellas donde estás, pidiendo que me marquen el camino hacia tu piel, tersa, delirantemente excitante, hacia esa chispa que tú, de alguna manera, me regalabas y extraño. Necesito un poco de aquello, una vez más… Tan sólo una vez más… Tan sólo vuelve…

viernes, 9 de enero de 2015

Reencuentros.

Después de tanto tiempo, me vuelvo a reencontrar con el folio, había pasado mucho tiempo desde la última vez, viejo amigo… Son casi las seis de la mañana y apenas he podido pegar ojo…  ¿El motivo? Todavía me rondan por el corazón sus besos… Anoche entre ríos de ron con afluentes de whisky recorriendo mis adentros la vi, espectacular como siempre que nos encontramos y no dudé ni una fracción de segundo en ir a saludarla; sus dos besos en la mejilla me iluminaron el alma. Borracho como un perro, dando tumbos entre desconocidos, alcohol y música la encontré, bailando como si no hubiera mañana… Decidido la agarré por la cintura y empezamos a bailar cuando, llegados a un punto, nuestros rostros se juntaron tanto que no cabía ni la más nimia lámina de papel entre ellos… Entonces, me besó… Ella, aquella niña que me había enamorado cuando éramos unos críos, aquella niña con los ojos más espectaculares que jamás se habían paseado por mis retinas… Aquella niña dulce de la que cualquiera se enamoraría con un simple golpe de vista, después de tanto tiempo, me besó... ¡Si supiera todo lo que llevaba esperando a que aquello sucediera! Fue un momento breve,  quizás más breve de lo que mis expectativas podían manejar, pero fue intenso, de esos momentos en los que se te eriza la piel y todo lo que te rodea desaparece por un instante, esos momentos que permanecen imborrables e inexorables en la memoria. Magia. Esa magia que invadía mi cuerpo y me dejó con cara de idiota y la sonrisa más estúpida del universo, mientras veía como se alejaban aquellos preciosos ojos verdes… Nos volveremos a encontrar, sin saber cómo, ni de qué manera, pero nos volveremos a encontrar, lo prometo.

viernes, 15 de febrero de 2013

Arde Troya.

Pantalones apretados, blusa negra, chupa de cuero, sujetador y bragas de encaje, tacones altos  y labios rojos. Termina de arreglarte y sal de casa. Hazte de rogar, llega tarde a nuestro encuentro. Ésta noche te quiero toda para mi.. Camina como si no hubiera mañana. Las miradas fijas en ti, tu mirada fija en el horizonte. Llega a donde esté y bésame. Quiero desaparecer contigo. Entramos por la puerta roja de la casa. Caminas delicadamente por el pasillo, frágil y etérea. La habitación está al fondo a la izquierda, te cuelas sensual y erótica en ella. Empieza a llover con fuerza. Fuera, una tormenta repercutía con dureza en las calles. Dentro de la habitación, una guerra de sexos en pleno auge daba comienzo. Tú y yo frente a frente. Las miradas fijas, las manos inquietas. Nos desnudamos con fiereza. La calle está mojada y tú sin bragas sobre mi cama. Las vergüenzas al aire y la vergüenza bajo llave. Saca los cuchillos, arremete contra mi. Despliega todo tu encanto junto a tus armas de mujer. Vamos, hazme sudar, castígame. Salta de la cama y ponme contra la pared mientras me besas. Muerdo mi labio por no romper a mordiscos los tuyos. Cambio de roles, giro las tornas y te pongo contra la fría piedra. Nos tiramos en la cama mientras nos devoramos. Abofetéame y ponte encima. No sonrías tanto nena, todo lo que sube, baja. A vueltas en la cama enzarzados en un tira y afloja por llevar la voz cantante. Tú la potente América y yo el jodido Vietnam. Sudor y jadeos por ser el dominante. Tira el edredón al suelo con desdén. Tú y yo bajo sábanas, se enciende el fuego, arde Troya. Te voy a llevar al paraíso por el mal camino. Hazte la estrecha cariño, que me pone más. Cierra las piernas cuando te meta mano. Pónmelo difícil. Hasta que bajes las defensas. Te vas a enterar. Muerde mi cuello mientras deslizo mi mano por entre tus piernas. Gímeme al oído mientras te masturbo. Suplícame que pare. Bajo las revoluciones; cuando me dices "No pares" entrecortada. Aparta mi mano con rabia. Clávame las uñas en el pecho y fóllame. Cabalga desatada y no pares. Grita hasta romperte la garganta, despierta al vecindario. Vamos nena, en esta guerra no existen tablas, gana el último en caer. Vocifera mi nombre a horcajadas entre sonoros "no pares". Ponte a cuatro patas, gime y jadea mientras te doblego tirándote del pelo. Subimos el ritmo, sube la temperatura. Mueve tu precioso culo mientras te castigo. Ponte debajo, que te voy a hacer gozar hasta que caigas rendida. Jadeos alocados al borde de la hiperventilación, pasión desenfrenada, orgasmos placenteros acompasados de gritos estridentes... Hasta que los dos caímos rendidos sobre las sábanas empapadas... Se apagó el fuego, ardió Troya. Y nosotros ardimos con ella...

viernes, 18 de enero de 2013

Pimienta negra.

Esos días en los que se tienen siestecillas picantes. Sobre todo después de su beso de despedida al mediodía. Llegar a casa. Comer. Postre y a dormir. Te cuelas en mi sueño. Joder, se pone interesante la cosa. Si es que tengo que dejar de echarle pimienta a la carne, que después sueño estas cosas...
  Ponerte contra la pared. Desnudarte poco a poco. Tirarte encima de la cama. Bajarte las bragas con los dientes. Atarte a la cama de pies y manos. Colocarte una venda en los ojos. No ver. No tocar. Sólo oír. Sólo sentir. Lamer tu cuerpo. Despacito. Mordiscos. Caricias. Besos en el cuello. Palpar la humedad de tu entrepierna. Me encanta el tacto. Hacerte estremecer. Que encojas los dedos de los pies. Esas ganas irrefrenables que tienes de desatarte y quitarte la venda. Y ser tú la atacante y yo el defensor. Pero lo siento cariño, tendrás que esperar. Ahora eres sólo mía. Te voy a hacer sufrir. La venda te provoca incertidumbre. Te la subo. Te miro a los ojos. Placer. Te muerdo el labio y te sonrío. Te muerdo el cuello y aprovecho para susurrarte al oído. No te desataré hasta que lo grites... Te vuelvo a bajar la venda. Te muerdo el cuello otra vez. Intentas moverte. Sonrío. Morderte hasta el último centímetro de tu cuerpo. Tocarte.Sigues intentando moverte. Susurras que te desate. No paro. El volumen de tu plegaria aumenta cada vez más. Quiero que lo grites. Cuando lo hagas, te desataré. El tiempo pasa. Te retuerces. Eres dura, señorita. Continúo. Te hago sudar. Hasta que no puedes más. Y vociferas que te desate de una vez, que me voy a enterar. A sus órdenes, bombón. Te sacas la venda. Me tiras contra la cama. Yo ya moví ficha. Es tu turno. Lo que pase a continuación lo dejo a tu libre elección, princesa.

martes, 15 de enero de 2013

Marlboro Gold.

Dos de la mañana. Marlboro Gold. Me enciendo uno y me asomo a la ventana. Hace frío. Miro al cielo mientras mis retinas se ven invadidas por el humo que suelto a cada calada. Miro fijamente a las estrellas. Mi mente vuela. Se va flotando a la mejor parte de mi subconsciente; la más caliente. Ella. El frío es nimio, ya que cuando de ella se trata me hierve la sangre. Apuro el cigarro, me meto en cama y me pongo a escribir. Joder, sólo me vienen pensamientos impuros... Me tienta. Mi mente sigue coqueteando con ella. Ojalá estuviera aquí. Sólo de pensarlo... Puffff. Hoy no duermo. Cada segundo que pasa, un pecado. Arderé en el fuego, si, pero si es por pecar con  ella nada importa. El tiempo pasa y yo en el más dulce delirio. ¿Queréis que se lo cuente?. ¿Si? Pues atentos. Prestad atención:
          - Quítate la ropa despacito, que ahora viene lo bueno. Ponerte contra las cuerdas. Hacerte gritar, que pierdas los papeles. Que te desates y gimas. Esa cara de placer. Ponértelo difícil. Hacerte sudar. Castigarte. Dejarte llevar. Vamos, hazme delirar como tú sabes, bombón. Muérdeme el labio, chica con clase. Bésame el cuello. Hazme sudar, soy todo tuyo. Sin límites. Clávame las uñas, deja tu marca en mi piel. Sigue el ritmo. O hazlo como quieras. Tú mandas. Yo obedezco. Eres perfecta, lo sabes ¿no?.

jueves, 10 de enero de 2013

Insportable.

Insoportable. Insoportable no verla, insoportable no besarla, no acariciarla, no tenerla entre mis brazos... Insoportables los días sin ella... Y es que me he acostumbrado tanto a sus besos que sólo su boca calma mis fieras. Mis ganas de verla van en aumento a cada segundo que pasa, que la necesito, joder... El tiempo pasa lentísimo cuando no la veo y se va volando cuando rozo sus cálidos y tiernos labios; ojalá pudiera detener el maldito tiempo cuando estoy con ella para no dejarla escapar nunca... Insoportable no tenerla aquí en este preciso instante.
       Que la dulzura es mirarla fijamente a los ojos y se acerque para besarme... Que es única, increíble, hipnótica... Que no sé ni como coño estoy escribiendo esto, porque me falta el aire y las palabras, porque pierdo la cordura cuando de ella se trata. Que me alegra la puta vida cuando sonríe y me hace comprender que merece la pena levantarse en los días grises sólo por verla sonreír. Que la echo demasiado de menos a todas horas... Que besarla es el mayor placer jamás descrito. Que ella es la única culpable de la sonrisa idiota que luzco las 24 horas... Que nada importa cuando estoy con ella... Que no la cambiaría por nada del mundo. Que es los arándanos de mi pastel. Que me encanta, mademoiselle. "Vamos, suda conmigo, aquí sigo, susurra mi nombre mientras te castigo..."